Levi eran la tribu sacerdotal, elegidos por Dios para
servir y ministrar a los sacerdotes en el servicio que ellos realizaban para el
pueblo de Israel.
Fueron los encargados de montar, desmontar y trasladar los elementos que
componían el Tabernáculo, y así lo hicieron durante todo el tiempo que duró el
trayecto en el desierto.
Pero lo primordial, entre las doce tribus, ellos son
elegidos por Dios como Su pertenencia. Así dijo Él en el libro de Números 3:6-12 y lo repite en el cap.8:8-26.”Serán pues, míos los levitas”.
Sin duda que esto es una honra para esa tribu que era
considerada por Jehová como Su pertenencia. Dios les hace una observación muy
singular: Ellos no tendrán heredad entre sus hermanos cuando la tierra
prometida sea repartida. Porque, dice Jehová Dios: “yo
seré su parte y su heredad”. (Números 18:20).
Podemos identificarnos con ellos. Dijo Jesús en Juan
15:16:” No me elegisteis vosotros a Mí, sino que Yo os
elegí a vosotros”. Y luego, en el vers.19 “No
sois del mundo, antes Yo os elegí del mundo”, y lo confirma Pedro en su epístola, “Porque sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa,
pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os
llamó de las tinieblas a su luz admirable”. (1Pedro 2:9)
Somos en Cristo Jesús mediante nación santa, el pueblo
elegido de Dios. Somos “su tribu sacerdotal”, comprada al precio de la sangre
de Cristo, ¡Bendito sea su Santo y Glorioso Nombre!
Esta elección nos
da ciudadanía eterna y herencia en el cielo, las ganancias que debemos tener no
deben ser terrenales sino fijémonos más bien en lo que viene de lo alto. Dice
el apóstol Pablo en que “Nuestra ciudadanía está en los cielos” (Filipenses 3:20),
así mismo allí se encuentra nuestra herencia: Por lo tanto somos extranjeros y peregrinos en este mundo (1Pedro 2:11).y nos espera “, una ciudad no hecha de manos, eterna en los cielos “(1Pedro 1:4)
Esto es en cuanto a nuestra heredad. En cuanto a nuestros negocios, Pablo nos
relata su experiencia personal: “porque para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia”. (Filipenses
1:21)
“Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las
he estimado como pérdida por amor a Cristo, y ciertamente aún estimo todas las
cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi
Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar
a Cristo” (Filipenses 3:7-8).
¿Nos damos cuenta del privilegio de esta elección? Busquemos
las ganancias en los negocios del Padre, como lo hizo nuestro Señor, porque Ël
es nuetro Dios, es todo lo que tenemos; Él es quien llena nuestras vidas, nos
da seguridad y la herencia que nos da es muy bella. Dejemos que Dios nos enseñe
a vivir como él quiere porque sus consejos nos guía en las noches más oscuras (sal.
16:7).
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