En una ocasión hubo alguien que le
pidió a Jesús que resumiera la Biblia. Ésta fue su respuesta:
Amarás
al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.
Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante:
Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos
depende toda la ley y los profetas. (Mateo 22.37-40).
Jesús resumió todas las obligaciones
morales en la palabra amarás, expresada en ambas direcciones; esto es,
hacia Dios y el prójimo.
v.37 La cita está tomada del texto conocido
como el Shemá hebreo, que todos los judíos repetían dos veces al
día.
Y amarás a Jehová tu Dios de
todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.
(Deuteronomio 6:4, 5)
v.39
Jesús dijo la cita de Levíticos 18:19 No te
vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu
prójimo como a ti mismo.
Amarás a tu prójimo como a ti mismo: La palabra «amor» (en hebreo ahav) puede ser comprendida como «estima». El amor al prójimo
comienza por la autoestima. Como resultado estimamos a nuestro prójimo. Esta
regla general resume y satisface los demás mandamientos.
Pablo cita este versículo de forma
similar: No debáis a nadie nada, sino
el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley. Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro
mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal al
prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor. (Ro 13:8-10)
Porque toda la ley en esta
sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
(Gálatas 5.14).
v.40 Cuando Jesús invoca la regla de oro,
que hace énfasis en prestar ayuda a otros en necesidad, explica que «esto es la
ley y los profetas».
Así
que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así
también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas. (Mateo
7:12)
Si nos amamos los unos a los otros entonces da
testimonio ante el mundo de que somos verdaderos discípulos de Jesús. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos
con los otros. (Juan 13:35)

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